El Festival Atlántico de Género Negro presenta por segunda vez un encuentro en el que se fusionan la creación literaria y gastronómica, unidas por el paladar del crimen

La escritora y periodista experta en gastronomía Yanet Acosta y el chef Lucas Gamonal proponen al público de Tenerife Noir degustar el sabor de matar al padre en el segundo encuentro en el que el Festival Atlántico de Género Negro fusiona en una misma actividad la creación literaria y la gastronómica, unidas por el paladar del crimen.

Acosta vuelve a Tenerife Noir con la propuesta de montar un menú negrocriminal en el que el público pueda tomarle el pulso al género a partir de los sabores. En esta ocasión, la actividad que se celebra este sábado, 3 de marzo, a las 13.30 horas en el Círculo de Bellas Artes construye sus platos inspirados en la novela más reciente de la autora, Matar al padre (2017, Alrevés editorial), en el que recupera al más peculiar de los detectives de la novela negra, el investigador privado Ven Cabreira.

“Confío en que el público venga con ganas de participar y que sean habladores”, dice Acosta con entusiasmo, al contar que la actividad consiste en “degustar y leer”. A partes iguales, los dos creadores, ofrecen una versión del significado de la expresión “matar al padre”, algo que “el propio chef habrá tenido que hacer”, apunta la escritora en referencia a la fama que precede a Gamonal, y que es algo que también ocurre en la novela en la que Acosta narra la desaparición y búsqueda del padre de la nueva gastronomía del Perú.

“Me di cuenta de que la gente come según su estado de ánimo”, dice la novelista y pone como ejemplo el caso de su personaje Lucy Belda, una periodista gastronómica vegetariana que, “en cuento detecta que todo va mal, que se siente perseguida, con la mirada en el cuello, que tiene que huir, se come un bocadillo de pata de cerdo, lo que en Perú se llama sandwiche de puerco; así se prepara para todo esto”.

El encuentro gastronómico en el Círculo de Bellas Artes, al que se puede acceder con entrada libre y hasta completar el aforo, toma de Matar al padre un encuentro en el lago Titicaca, protagonizado por el ceviche. “El ceviche es ácido, salado, dulce, amargo, es un plato muy equilibrado y por eso gusta tanto. Lo tiene todo ese plato”, dice Acosta.

La escritora y periodista apunta que “para mí es muy importante la gastronomía, no solo como algo hedonista, sino como forma de estudiar una sociedad y al ser humano”. Precisamente, Matar al padre le ofrece “la oportunidad de profundizar en la sociedad humana en el punto en el que estamos actualmente, un contexto político y económico que está presionando para que el que tiene la comida tiene el poder. Esto ha sido siempre así, pero ahora estamos yendo a un punto más: el que tiene la semilla, tiene el poder. De eso hablamos en Matar al padre. Estas estructuras económicas patriarcales persisten. Nos las hemos tragado una y otra vez. No hemos puesto fin a ello y este es el pensamiento o debate que sirvo de una manera amena a través de esta novela-viaje”.

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