La creadora de la agente Annika Kaunda mostró en Tenerife Noir su vocación por innovar en el género negro

Una pulsión lleva a escribir a Susana Martín Gijón, una necesidad de contar historias y un deseo de mostrar injusticias sociales que quisiera que no existieran. Por eso abre espacio en su agenda, aun en los momentos de más dificultad, para escribir durante una hora o dos cada tarde, en el tiempo que le deja libre su ocupación profesional como asesora jurídica. Dedica también las mañanas de los fines de semana a su afán por la escritura, porque “construir una novela exige constancia y un seguimiento; de otra forma, no consigues que se sostenga, no hay manera de hilarlo”.

Las historias negras y criminales siempre han estado presente en su vida, por influencia de una de sus abuelas, una lectora fiel y apasionada del género. “Tenía su biblioteca con su sección de novela criminal y de ahí viene ese gusto por el género; por eso cuando empecé a escribir salió una novela policiaca”, explica. Martín Gijón participó en la tercera edición del Festival Atlántico Tenerife Noir como miembro del jurado del premio Ciudad de Santa Cruz, y en dos actividades, en torno a la literatura negra y el vino, junto al escritor Francisco Bescós, y sobre la creación de nuevos personajes, con Antonio Mercero.

“La literatura me regala momentos mágicos en los que tus personajes toman las riendas y te llevan por caminos que no habías imaginado antes de escribir”, asegura, porque­, “para mí es uno de los momentos bonitos de la escritura, dejarse llevar; de alguna manera, si te planificas y haces ejercicios de contención y de rigidez contigo misma, estás perdiendo esa parte. Para mí esa magia es lo que más me aporta la escritura. No quiero perderlo”.

Sin embargo, escribir una novela negra sin repetirse, buscando temáticas nuevas y originales, exige mucha documentación. Esa labor no la elude. Al contrario: “El hecho de que no haya una planificación previa sobre los temas que voy a tratar me obliga a documentarme en temas que desconocía hasta ese momento”. Es lo que le ocurrió, por ejemplo, con su última novela, que presentó en Tenerife, Vino y pólvora: “quería contar la realidad agrícola de Extremadura y de los temporeros, su situación de vulnerabilidad e inestabilidad, pero ni siquiera me había planteado tomar como referente la vendimia. Cuando me llevó por ahí, vi un mundo por explorar y me fascinó y fue cuando comencé a documentarme en el mundo del vino extremeño, las catas, los maridajes… ese dejarme llevar me llevó por ese terreno y lo hizo mucho más atractivo”.

Esta vocación por relatar el mundo rural extremeño es una de las condiciones que se puso cuando se propuso escribir novela negra. Cuando empezó a escribir la sagaMás que cuerpos, “me puse dos retos o condiciones: el personaje y el ambiente rural, era lo que quería plasmar”. Así, la policía Annika Kaunda, una agente de origen namibio afincada en Extremadura tras ser acogida en un centro de menores inmigrantes, le permite mostrar situaciones tan solo con colocar al personaje ante la rigidez de “unas estructuras tan anquilosadas, tan masculinizadas todavía” como las de la Policía. Y el campo extremeño, “es mi tierra, la conozco bien, carga con muchos lastres y clichés del pasado; quería mostrar esa tierra y a la vez cómo se viven los crímenes en el mundo rural”. En ambos casos, personaje y ambiente, “fue una decisión consciente sobre las diferencias”.

En la novela negra “se están abriendo los abanicos y rompiendo clichés”, asegura. Probablemente, es lo que explica también su gusto por experimentar. Así, su novelaNáufragos, “es un experimento dentro de la novela negra” que no sigue la estructura clásica de hallar las respuestas y descubrir al final quién es el asesino. “No se le da hecho al lector y según cómo este encaje las piezas, la historia puede tener un final u otro”.

En la trilogía constituida por Pensión SalamancaDestino Gijón Expediente Medellín, ese gusto la lleva a las fronteras entre ficción y realidad, la metaficción, en la que juega a mezclar situaciones reales a partir de una especie de diario de a bordo en congresos de novele negra, en la que se mezclan crímenes aparentemente reales y personajes de la saga protagonizada por Annika Kaunda con guiños a otros autores y a otros personajes del género. Esa trilogía sigue las reglas internas de la novela negra de descubrir al culpable, pero “trabaja con la realidad para que el lector juegue a darle la vuelta al pacto de ficción y no saber muy bien dónde acaba la realidad y dónde la ficción”.

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