La escritora vasca es finalista en el premio Ciudad de Santa Cruz en la IV edición de Tenerife Noir con su novela ‘Corazones negros’

La escritora vasca Noelia Lorenzo asegura que ya “no me importa que me digan que se nota que mis textos son obra de una mujer”, una observación que era muy frecuente cuando inició su trayectoria como escritora de género negro. Con su novela Corazones negros es finalista en el premio Ciudad de Santa Cruz que concede el Festival Atlántico de Género Negro Tenerife Noir a la mejor novela negra del año.

“Las generalizaciones no gustan, pero está claro que tengo mi propia manera de mirar al mundo y al género negro. Las mujeres tenemos otra sensibilidad, otra mirada, claro. Lo que no veo es que se entienda que lo neutral es la pauta que marcan los hombres. bien que todos tengamos un toque particular”, asegura cuando se le propone reflexionar sobre la situación de las mujeres en el noir, acompañada de cierta polémica en el caso de los premios, al menos.

La versatilidad y adaptación del género negro a los cambios sociales y a las diferentes vías de creación y expresión artística coincide con el avance social de las mujeres a un paso decidido en el que se dispone a ocupar los espacios hasta ahora vetados. Noelia Lorenzo fue la primera autora seleccionada para incluir sus obras en el catálogo Cosecha roja, de la editorial Eiren, y, con la novela que llega al premio Ciudad de Santa Cruz, es también finalista en el Premio Dashiel Hammett de la Semana Negra de Gijón, en el que entrega la Asociación de Amigos de la Literatura Policiaca Novelpol y en el Pata Negra que concede el Congreso de Novela y Cine Negro de la Universidad de Salamanca.

Hasta que encontró camino para su expresión en la novela negra, Noelia Lorenzo canalizaba su creatividad a través del corte y confección, una disciplina de la que es profesora, ahora sin actividad, al estar totalmente concentrada en la literatura. De esa etapa conserva el uso de los enormes papeles para hacer los patrones como herramienta para esbozar la estructura de sus novelas.

“Utilizo papeles de patrones para hacer mis esquemas porque son muy grandes y me permiten ver, así, a golpe de vista, lo que tengo en mi cabeza para trasladarlo al papel”, dice al confesarse “totalmente una escritora de mapa”. Sin embargo, al profundizar sobre su forma de trabajar, añade matices: “Eso de sentarme a escribir tirar a la brava está bien para un relato corto, pero para una novela compleja y larga es mejor tener atada la trama para que no te queden cabos sueltos. Eso no quita que los personajes sorprendan, que veas que se van hacia otro lado no previsto. Haces un esquema, pero a medida que vas escribiendo, el texto se va enriqueciendo, porque los personajes se hacen más complejos y enriquecen la trama y toda la historia”.

A la hora de escribir una novela, “la historia me viene en general. Viene, no la busco, suele venir sola. Antes de hacer el esquema me gusta sentarme y ponerme a escribir. Durante unas treinta páginas soy escritora de brújula. Cuando la historia nace así, sola. hago el esquema”.

Noelia Lorenzo le da mucha importancia a “la profundidad del personaje, tienen que ser coherentes y muy reales. Intento meterme en la piel de todos”. Se confiesa una lectora fiel del género negro, donde encuentra sus referentes literarios especialmente en el noir nórdico. Entre otros autores de referencia menciona a Asa Larsson, la pareja sueca formada por Maj Sjöwall y Per Wahlöö, que fueron auténticos pioneros, o también, al abrir el abanico, cita a Gillian Flynn y llega hasta autores de terror, como Joe Hill; entre sus autores preferidos menciona también a Víctor del Árbol, Carlos Bassas y Paco Bescós, con el que compite en Tenerife Noir.

La fascinación por el noir como lectora, unida impulso creativo y a su inclinación por la escritura desde niña llevaron de forma natural a Noelia Lorenzo a escribir en este registro. “La novela negra lo tiene todo, puedes hablar de mil temas y, además, te permite hacer crítica social sobre temas que merecen más visibilidad”, apunta. En su caso es así: en sus cuatro novelas ha tratado sobre la trata de mujeres (en Corazones negros), la corrupción política, empresarial y policial (Chamusquina), la violencia de género La sirena roja) … “El género negro permite tratar todos los palos: la soledad, la muerte, y te permite meterte con la sociedad y criticarla, porque siempre hay bastante mierda a nuestro alrededor”.

La autora también encuentra su momento para dedicarse a la literatura infantil. “Después de escribir una novela negra, después de tanta oscuridad… necesito luz; la literatura infantil es como un caramelito. Con la literatura infantil puedes fantasear mucho más, es como volver a ser niña, me permite recuperar a mi niña interior”, dice para explicar esta otra faceta.

Corazones negros “es la novela más oscura de las aspirantes al premio Ciudad de Santa Cruz –aseguró el director de la sección literaria de Teneire Noir, Javier Hernández, al presentar las novelas finalistas en el premio Ciudad de Santa Cruz–; indaga en los aspectos más mezquinos de nuestra sociedad y va a sorprender mucho a los lectores”, sentenció. La tercera entrega de la saga protagonizada por la agente de la Ertzaintza Eider Chassereau y el suboficial Jon Ander Macua lleva a sus protagonistas a descubrir hasta dónde puede llegar la bajeza del ser humano en una trama ágil y con unos personajes bien definidos.

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