El Festival Atlántico Tenerife Noir constata dentro de una mesa redonda cómo la evolución de la narrativa crea nuevas tramas y personajes acordes a la conquista de la paridad

Aún se publican, con un público fiel, novelas negras interpretadas por hombres rudos, investigadores adictos al trabajo y al alcohol y con una vida afectiva y familiar desastrosa. Pero estos llamados bad boys ya no son los únicos personajes noir, ni siquiera son los únicos personajes masculinos del género. Con la intención de reflexionar sobre este proceso y de visibilizar a las autoras, colaboraron este mes de marzo la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y el Festival Atlántico del Género Negro Tenerife Noir en su tercera edición.

Lo más llamativo en esta evolución es la irrupción de mujeres que superan sus papeles tradicionales en el noir: «La mujer fatal, la víctima, la ayudante del fiscal o del policía, la esposa abnegada del agente», según señaló la novelista Alicia Giménez Bartlett. «Esa tipología que daba tan poco protagonismo a la mujer me encabronaba mucho», comentó en la mesa redonda Pioneras en introducir a la detective e inspectora en la novela criminal española, junto a Lourdes Ortiz, en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife. Con ella coincide María Frisa: «En casi todas las novelas negras, la mujer era la víctima o el ángel del hogar que redimía al malo», dijo al presentar su novela Cuídate de mí en la Librería de Mujeres.

«Como lectora, el género negro siempre me pareció muy masculinista y el trato que daba a las mujeres no me gustaba nada», apuntó Giménez Bartlett, por eso crear a la primera mujer policía de la narrativa negra europea, su investigadora Petra Delicado, fue una decisión muy consciente: «Quería subvertir esos estereotipos», dijo la autora. Han pasado más de 20 años y «ahora eso ya está superado. La mujer policía ya está en el género», sentenció.

La conquista de la igualdad también es reconocer y visibilizar la diversidad y eso es lo que han hecho Susana Martín Gijón y Antonio Mercero. Martín es la creadora de la serie protagonizada por la policía Annika Kaunda, una agente de origen namibio afincada en Extremadura tras ser acogida en un centro de menores inmigrantes. Mercero creó, en El final del hombre, a la policía transexual Sofía Luna, antes Carlos Luna, por motivos literarios: «Buscaba un personaje que tuviera un conflicto muy potente y este los tiene por sus serios problemas sobre la identidad y por los obstáculos que causa su medicación».

«La elección de mi personaje fue consciente», dijo Susana Martín. Con Kaunda, «trato de contrastar un personaje con la rigidez de unas estructuras anquilosadas, tan masculinizadas todavía. Tan solo colocarla ahí permite mostrar estas situaciones». Lectora de novela negra desde su infancia, Martín explica que «siempre me encontraba ese papel tan plano y estereotipado de las mujeres y quería darle una vuelta de tuerca». Por su parte, María Frisa escogió a dos mujeres fuertes como protagonistas, «porque creo que hay que darle a las niñas roles positivos y que las mujeres tenemos que salir del rollo víctimas».

A medida que se conquista la igualdad, se van normalizando estas situaciones en la literatura. Susana Martín puso como ejemplo la detective lesbiana que protagoniza las novelas de Susana Hernández. «¿Por qué no un personaje diferente? ¿Nos resignamos al estereotipo del policía divorciado que pega mamporros?» se preguntó en voz alta, una reflexión que enlazó con la expresada por la escritora Aixa de la Cruz, a quien le llamó la atención «que sea ahora una moda que los hombres estéis narrando a las mujeres. Me pregunto si ha habido personajes que hayan deconstruido la masculinidad típica, que acaben con el estereotipo de la novela clásica o si está todavía por hacerse».

Efectivamente, las novelas negras protagonizadas por mujeres son muy demandadas en estos momentos por los editores, según reveló el escritor Francisco Bescós, creador en 2008 de su protagonista femenina, una decisión que fue «natural», acostumbrado como está a la presencia constante de mujeres en su familia.

La novela negra cuenta con un detective poeta, que rompe los estereotipos masculinos. Es Adam Dalgliesh, el personaje de P. D. James, un inspector de Scotland Yard con una sensibilidad diferente? creado por una mujer. «Estamos viendo que la masculinidad no tiene que ser heteronormativa», apuntó el profesor de Filología de la Universidad de La Laguna (ULL) Javier Rivero, director del seminario de la ULL y Tenerife Noir sobre género negro. Rivero señaló la existencia de dos detectives homosexuales en la literatura española, creados por Marta Sanz y Carlos Ortega Vilas, y hay otros autores con detectives heterosexuales sin las manías del hard boy. «Es un proceso lento», dijo. A juicio del escritor y crítico Ricardo Bosque, miembro del jurado de esta edición del festival, en estos casos, «aparte de los de Maj Sjowall y Per Wahloo, te encuentras con personajes un poco planos, porque son demasiado normales».

Inicialmente las mujeres en la novela negra eran duras y masculinizadas, algo que ha evolucionado, constató Susana Martín. «Estamos dando bandazos, como palos de ciego, puede ser normal, estamos en momento de transición», apuntó Mercero. Lo que cuenta en definitiva es «la calidad literaria, que es lo básico», dijo Alicia Giménez Bartlett: «Yo nunca he escrito pensando en temas femeninos, sino en temas que me han interesado para contar en un libro».

 

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