El autor se propone en cada obra nuevos retos con los que ampliar sus propios límites

“Me gusta salir de mi zona de confort. En cada novela lo intento, procuro hacer cosas nuevas en cada libro, crear personajes distintos, ubicaciones diferentes… por eso cada libro mío es diferente al anterior”, asegura el novelista Claudio Cerdán, que participó en la tercera edición del Festival Atlántico de Género Tenerife Noir.

La relación de Cerdán con Tenerife Noir viene desde antes de la primera edición del festival tinerfeño, porque con su novela Un mundo peor (Versátil Ediciones), ganó el I Premio Ciudad de Santa Cruz a la Mejor Novela Negra de 2014 antes de que el programa cultural Santa Cruz Noir se transformara en el Festival Atlántico de Género Negro. El galardón es uno de muchos premios que ha ido ganando a lo largo de su trayectoria, que comenzó en 2012 con su primera novela, El país de los ciegos, con la que ganó el Premio Novelpol a la Mejor Novela Negra del año.

En estos momentos, “no sé por qué extraña razón, en la novela negra ahora mismo cabe de todo, creo que es porque está de moda y los departamentos de marketing catalogan así las novelas”, reflexiona en voz alta. Su vocación por el género negro viene de lejos. “Aunque sea un tópico, escogí este género porque era lo que más leía. Es el paso natural: uno escribe lo que le gustaría leer”. Ese gusto se alimenta de la oportunidad que la lectura ofrece de “viajar, entrar en los sitios en los que no te atreverías a entrar…  No me metería en una zona de drogas en la Cañada Real, pero sí me gusta entrar ahí a través de la ficción… o conocer a una persona que toma decisiones tan drásticas como matar a otra”.

El afán por “buscar tus propios límites” lo ha llevado en los últimos años a decir que sí a dos propuestas para escribir novelas. Se trata de La última palabra de Juan Elías (Ediciones B, 2017), continuación de la exitosa serie de televisión Sé quién eres y Nunca mires atrás (Menoscuarto Ediciones, febrero de 2018), que es la cuarta entrega de la detective Sonia Ruiz, serie iniciada por Lorenzo Silva y Andreu Martín entre otros reconocidos autores.

Lo primero que haces cuando te proponen escribir algo es baremar la propuesta. Como me gusta arriesgarme, acepté estas dos. Desde el punto de vista creativo es muy sugestivo. No es tu historia, pero la llevas a tu terreno. No son tus personajes, pero les añades algo de ti. Es una forma de jugar con los personajes. En realidad, la única diferencia que hay cuando respondes afirmativamente a una propuesta es que la obra ya está aprobada por parte de la editorial y que tienes que cumplir con los plazos de entrega. De resto, el proceso creativo es igual, no está condicionado”, detalla.

Cerdán comenta que, “cuando ya has hecho cosas tan distintas, he continuado una serie de televisión, he continuado una saga de un personaje… parece que se acaban los retos”. Pero no es así. El escritor explora en estos momentos un nuevo desafío: la escritura de un audio libro. “Nadie va a poder leer esta novela, solo podrá escucharla. Esto obliga a escribir de otra manera. Hay que pensar cómo va a sonar el texto en voz alta y no puedes hacer digresiones”.

La innovación, por supuesto, llega a la forma en que aborda el género negro: “En El club de los mejores quise hacer una novela negra sin muertos. Sin víctima, no había que descubrir al asesino. La evolución es tan grande que caben muchas cosas en el género y se pueden hacer novelas negras desde otra óptica”. Como la combinación de registro narrativos –el de la novela histórica, la detectivesca y la de terror– que empleó en La revolución secreta (Alrevés Editorial, 2014), una historia ambientada en los últimos años de la Revolución Rusa.

Cerdán escribe cuando su hijo está en la guardería, porque con un crío “no se puede estar a medias”. Cuando se entrega a la tarea de escribir, planifica. “Soy un escritor de mapa, tengo claro lo que voy a escribir. Solamente le doy libertad a los personajes en los diálogos, ahí es donde me pueden sorprender. Sé lo que van a hablar, pero no sé cómo lo harán. Necesito saber cómo acaba la historia. En novela negra no debería estar permitido improvisar el final, tienes que saber quién es el asesino desde el comienzo. Por eso me funcionan los finales, porque los tengo previstos. Admiro a los autores que consiguen buenas obras lanzándose a escribir sin que sepan a dónde van”.

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